domingo, julio 12, 2009

Mi siglo

La verdad es pan
Simone Weil

Siglo mío, bestia mía
Osip Mandelstam

El deber del pensamiento
es subjetivizar el siglo
como composición viviente

Alain Badiou

De la sonrisa a la insensatez,

la verdad es el pan de la espera.
La espera, el secreto de un dios

que se fue de fiesta y regresó

encorbatado

y el rumor mediático de que su gendarme
fue una bandada de pájaros

que atravesó el agujero con la pócima vencida.

Sus frutas, cómplices

de la mirada de la bestia
que me desviste de terror,

y todo el viento se abrasa en la sed

del húmero en que creímos.

Hoy este siglo parece una cita
pero la tierra lleva un vestido verde

estampado de caminantes.

Mi espera se convierte en la disolución
de todas las promesas

con la muerte de los vaticinadores.

Pegada al suelo, persigo
una naturaleza insospechada

que canta su réquiem.



"La verdad es pan"

Simone Weil en sus diarios, en El conocimiento sobrenatural


jueves, julio 09, 2009



Ayer vi a estos chicos, Black Jake and the Carnies, tocar en el bar que queda cerca de mi casa. Son una combinación de Bluegrass/Punk excelente. Su energía en vivo es, como se aprecia en el vídeo, contagiosa. Las noches de Bluegrass en Ann Arbor gratis en el Circus son lo mejor que me ha pasado en este pueblo, en términos de diversión musical gratis y frecuente. Además las cervezas son baratísimas y se baila, baila, baila.

miércoles, julio 08, 2009

El imitador de MJ en el callejón de Ann Arbor ahora es una celebridad.
A la copia del original le nace aura de estrella tras la muerte del original.

lunes, julio 06, 2009

Un poema sin un solo pájaro
Por Jack Spicer

¿Qué te puedo decir, cariño,
cuando me pides ayuda?
Yo no sé del futuro
y mucho menos qué poesía
vamos a escribir.
Suicídate. Enloquece. Gente mejor
que nosotros lo ha tratado.
Yo te amé una vez pero
desconozco el futuro.
Sólo sé que amo la fuerza de mis amigos
su grandeza
y que odio el modo en que sus cuerpos se quiebran cuando mueren
y son comidos por imágenes.
La fiesta ha terminado. El picnic ha terminado.
Vuélvete loco. Suicídate. No quedará nada
después de que mueras o enloquezcas,
sino la calma de la poesía.

domingo, julio 05, 2009

Ultimamente, he incurrido en largas y azarosas búsquedas cibernéticas nada conectadas con lo que debería ser el hallazgo, aunque estimulantes al pensamiento. Estas son las que se quedaron conmigo en el camino.


The Pixel Plant: Por si de repente quieres componer una canción


TPAC - taipei performing art center by NL architects: Que la arquitectura urbana recupere su ecología, que los espacios se vuelquen hacia la intuición del espacio.


A Poem Without a Single Bird in It: Este poema de Jack Spicer al principio no me gustó y después, sí. Lo medito.

Blue Collar Independent Scholar
: Me topé con esta perspectiva. Bueno saber qué está en el aire.

Este enlace y el próximo son casas en las que me he imaginado aunque nunca las habite . Este primero, el Loft Cube, es una unidad transportable por aire, en helicóptero. Al mudarte no alquilas el camión de la mudanza sino al helicóptero de la mudanza. Me preocupa la altura de la ubicación en la azotea. La cama del Hanse Colani Rotor House me parece espectacular. Es como dormir en un panel de panal de abeja.

The Arrow of Time: porque la fotografía es el ojo que ve la hora en otro tipo de reloj.

Por supuesto, que me muero de ganas (hiperbólicamente) de que llegue la versión de Tim Burton de Alice in Wonderland. En estos días Carroll es una especie de escritor del Génesis.

Altered books: Estos son los libros que desescribiré en el futuro.

viernes, julio 03, 2009

La maldición de Carroll


Este poema de Lewis Carroll se puede leer vertical y horizontal. Como si fuera poco, el trabajo de contenido y forma se arbitra, conjurándonos con su antídoto integrado. La contradicción de este pequeño puñado de circunstancias es que suscita una fórmula inusitada, de la que no siempre se saben las propiedades. Transformar (o traducir) no retoma las condiciones propicias, porque se trataría de "inusitar un usitado", por decirlo de alguna manera, apenándose los conjuros.

jueves, julio 02, 2009





viernes, junio 26, 2009

Tres textos de Ivelisse Fonseca

El departamento de un escritor

Los largos segundos que tarda el ascensor en llegar al piso 20 constituyen un momento en sí mismo, digo, con las condiciones de producción necesarias para instalarse en la memoria como un momento constitutivo de la experiencia. Estar a punto de llegar a la casa de un escritor, en el piso 5, el 6, guarda una relación ascendente con las preguntas que se van generando mientras estamos más y más arriba. Voy a eliminar desde este punto el plural y la tercera persona. Soy yo quien subo el ascensor y me dirigo a la casa del escritor. Tipo de preguntas que se generan en mi mente: en función de qué visito al escritor en su propio departamento. Pero cada vez estoy más cerca y lo inmediato no es intentar darle respuesta a ese tipo de pregunta inabordable, sino arreglarme un poco frente a los espejos que dimensionan todos los ángulos de mis características físicas.

Me puse una pollera re cortita para verlo. Se va a morir cuando me vea. El es escritor y vive de eso. Yo trabajo de camarera en un restaurante en Palermo, pero además soy estudiante, solo que no me gano la vida como estudiante. Mi trabajo consiste de servir mesas y buscar noche a noche las estrategias para relacionarme verbalmente con analfabetas, por un lado, y aspirantes a camareros profesionales, por el otro. También, a veces intento no relacionarme en absoluto con nadie sin que esto produzca un ambiente de roces intolerable. Cuento un poco para que tengan una idea de qué se trata mi presente ya que de pronto me arrancan las ganas de que esto sea como una conversación de tú a tú. En el restaurante, las veces que hago doble turno, tenemos que estar listos a las 11am. Muchas veces se me olvida planchar mi camisa, se me olvida lavarla también. Cuando eso sucede voy corriendo al sótano donde está toda la mercadería para planchar un poco mi camisa blanca de botones con look de oficinista boba de los 90’. En el sótano hay una plancha disponible para los empleados que viven la mayor parte de su tiempo en el restaurante, por eso de los dobles turnos y de un sólo franco semanal. Yo, en comparación con los demás empleados, trabajo poco, gasto poco y me quejo muchísimo siempre. A veces la encargada nos castiga. Luego de terminado nuestro turno, por alguna molestia sintomática de su mal desarrollado carácter, nos castiga impidiendo que salgamos del lugar hasta que a ella se le pase el mal humor. He intentado abordar mediante el diálogo el tema de las medidas impositivas que rigen el funcionamiento estructural del restaurante, pero ante mis demandas y mi posicionamiento como sujeto pensante ella, la pibita de 23 años con cargo de encargada, la culicagada esa, me mira con cara de culo y me dice que si me quiero ir que me vaya. El, sin embargo, es escritor y vive de eso.

Cuando voy camino a su casa, cada vez más cerca de que me reciba en la puerta de su departamento en Puerto Madero, me asaltan una cantidad de preguntas anti afectivas hacia mi, que dejo circulando porque hago otras cosas en esos momentos como tocarme las piernas para sentirlas suaves y acomodarme el pelo para verme bonita. Dan ganas de comerlo a besos, de quedarme encerrada, no en el ascensor sino en su departamento, contra los azulejos de la pared del baño, sujetada por sus manos en mi cintura. De niña comencé escribiendo poesías patrióticas, de amor, de sexo y de muerte, lo usual. Ahora prefiero exclusivamente el sexo y la muerte.

Instalada en ese intersticio que sube hacia el piso 20 me arreglo un poco, sólo para evitar encontrarlo a él con la cara que traigo del mundo de afuera. Anoche, Leo, un compañero del trabajo, ayudante de cocina o algo así, me preguntó si estaba cansada, porque al terminar el turno me senté en el escalón del baño de mujeres con la frente pegada a las rodillas y las manos bordeando la cabeza. Yo, por contestarle algo le dije que sí, que sí estaba cansada. Lo que no le dije es que estaba cansada de trabajar en esa mierda de restaurante, haciendo ese tipo de tareas inútiles, llevando a cabo una existencia indefinida. Leo me recriminó que estuviera cansada y me dijo que él conocía a alguien que me podía dar un trabajo de oficinista. Pensé espetarle en el cuello la cuchillita del abridor de vino, pero no lo hice.

Hay veces que me dan ganas de quedarme a escuchar lo que hablan en alguna mesa. Los sábados al mediodía vienen siempre un grupo de cinco viejos nacidos , criados y esperando la muerte con alegría y con toda la plata en el barrio de Palermo. Se chupan cuatro y cinco botellas de vino en la tarde, casi una por cabeza, se comen un sabroso guiso y cada uno plantea al resto su reflexión política sobre la situación actual del país. Son viejos muy amables que han atravezado gran parte de la historia argentina de crisis y dictaduras del siglo XX y lo que va del XXI con la satisfacción en las manos de haber sido bien atendidos en los restaurantes frecuentados. El más viejo de todos, cada vez que va, me pide un imán para la heladera donde sale bien bonito impreso el nombre del lugar con el teléfono, para dárselo a alguien de su extendida familia. Yo le sonrío muy amablemente y le digo que se lo alcanzo ya, por no decirle: viejo, no prefiere que le meta todos los imanes por el orto de una vez?

Pero aparte de viejos solos y en grupo y viejas con viejos el restaurante se llena de familias con papá, mamá, hijo uno, hijo dos, hijo tres, y a veces se juntan dos familias en una. Me produce mucha ansiedad esta última escena, la de las dos familias que se juntan para comer y compartir un rato en el restaurante. Yo siempre veo cosas extrañas como que papá de la familia del grupo dos, por ejemplo, está rescostado contra la pared, aburridísimo toda la tarde, sin darle pelota en lo absoluto a la mamá que le corresponde a ese mismo grupo pero mirando de reojo a mamá del primer grupo, que es notablemente un encanto y unos años más joven. Mientras, papá del primer grupo me mira a mí sin disimulo y yo, al sentirme un poco aturdida por la situación, agarro y le hago gracia a los chicos pero ellos me devuelven un gesto hostil aprendido mediante prácticas de enseñanza intra familiares y me dan ganas de mandar a los pibitos a la concha de su madre pero mamá del grupo dos me está mirando.

Una vez leí un texto titulado Los Empleados, donde el autor se metía etnográficamente en ese mundo oscuro de los empleados de oficina y de la ciudad de principios del siglo XX, produciendo un análisis ejemplar sobre las características de esta nueva categoría de trabajadores, en base a teorías sobre los modos de cosificación de la conciencia. Creo que al autor le preocupaba saber cómo esta masa de gente le daba sentido a sus vidas. A mí se me quedó en la cabeza una imagen descrita en este libro, que el autor introduce como efecto de una comparación entre las formas de trabajo en las oficinas y de las fábricas en el periodo de desarrollo industrial, que cuenta que, ante la falta de estímulo sobre la actividad del pensamiento en los espacios de trabajo constituidos bajo la lógica del sistema de producción capitalista, los empleados varones empleaban su energía mental en una serie de cosas insignificantes que no recuerdo, y las mujeres, por su parte, soñaban con sus príncipes de las novelas rosas, mientras la máquina corría incesante. A mí me pasa algo parecido, mientras sirvo un vino o fagino los cubiertos, pienso en lo que hicimos con el escritor la última vez que nos vimos y en lo que quiero que hagamos la próxima vez que visite su departamento.

No sé por qué le dicen Grillo

No sé por qué le dicen Grillo, capaz que cuando chico se la pasaba saltando y tenía otra idea del futuro, allá lejos, contento, en los tiempos de su infancia en Santiago, con campo y familia. Ahora está en la bacha, siempre está ahí, fregando ollas, platos, vasijas, cualquier cosa. Hay un hueco que separa el salón de la cocina, ahí está Grillo, su silueta de costado, moviendo sólo las manos o sólo los dedos, parece lento, parece que inclusive no hace nada, que es mera presencia, pero lo mantiene todo al día. Por ese hueco nos sacan los platos con la comida lista, caliente, sabrosa y nosotros le devolvemos los platos por ahí mismo a Grillo cuando ya están consumidos y sucios; el mínimo pedazo de torta de chocolate, las últimas tres gotas de la gaseosa, las migas de pan, las ganas de vomitar se las dejamos a Grillo y encima también le tiramos tapitas, papeles, corchos, pelos. Todo muere ahí entre sus manos, con su silencio. Pobre Grillo, que hay que intentar saludarlo un poco más de tres veces para que responda, para que suba la cabeza hasta la mitad y uno se encuentre con sus ojos y no sepa qué hacer . Como siempre está en la bacha parece que la cabeza se le quedó colgando de frente al desague , ya no mira hacia adelante, como la gente, es Grillo.


Si supiera dibujar, dibujaría. Es una catarata. Es un invierno largo, de años largos, de congelamientos continuos. Así como pasó cuando yo estaba despierta y él era todavía una idea hasta que lo toqué y lo toqué y volví a tocarlo y estaba ahí, ahí estaba pegadito a mi cuerpo, desde el pecho, su pecho y un frío invernal afuera. Siempre se caga uno de frío, o hace uno que al otro le pase eso de pasar frío aunque no sea la intención, pero pasa. 
La camisa primero, me quito casi siempre la camisa primero, cuando su voz me llama con la sensualidad que provoca, que produce, que encierra y que lleva por todas partes inscrita como una flor o como una idea que se aprovecha de los mejores momentos para explotarlos. Yo los momentos los guardé con delicadeza para no tener que preguntar a otro por algo que era tan mío y de más nadie, inclusive lo que vino después y todo lo vivido antes de antes, pero esa ocasión, en momentos como esos cuando es invadido el lugar más ausente, inclusive eso, imaginar que es capturado ese vuelo imaginario. 
Una casa grande, construida en madera, con árboles de naranja alrededor y montañitas, cerros, gallos, gallinas y pájaros, el cielo azul, dibujaría. Me metería debajo de la cama, ahí estás, esperándome, y llueve, nos besamos, y el lápiz sobre papel, sobre la cama, se moja y se destruye. Pero ese beso se prolonga, se intensifica, te trae hasta aquí, y me quito lento la falda, y te me quedas mirando desarmándome. Me entrego, vos, vos, vos. La música, los cueros, el paraíso. El gallo canta en la mañana y nos despierta, es primavera.

martes, junio 23, 2009




Lo que dice Eielson en las notas al calce: poesía y anonimato
En La pasión según Sologuren
Jorge Eduardo Eielson, Perú (1924-2006)


Mi sincero y viejo amor al anonimato no creo que pueda ser desmentido por algunas apariciones a través de los mass-media limeños, latinoamericanos o, más raramente, europeos. Sucede simplemente que una parte de mi existencia, la más frágil y vulnerable, no puede prescindir de su sustento. Aparecer de vez en cuando—como el lobo deja su guarida para buscar alimento—es la única concesión que me permito para poder proseguir mi trabajo. Admiro demasiado a los tejedores de Paracas, Huari o Chancay, o a los ceramistas de Nazca y Chapín, a los escultores Gabón, Baulé o Senufo, a los primitivos sieneses, a los calígrafos zen, a los escultores cicládicos, dóricos y olmeca, a los arquitectos egipcios, a los artistas de Altamira y de Lascaux, a los pintores mayas, chinos o etruscos, porque creo que es sobre todo a ellos que les debemos lo que somos, o sea a nuestros anónimos ancestros, a quienes plasmaron para siempre nuestra verdadera identidad. Es con el auge, cada vez mayor, del culto a la personalidad (que nace sobre todo en Grecia y se difunde en el Renacimiento), al nombre, a la firma, al autor, que comienza la declinación de la creatividad en las artes propiamente dichas. Y si a esta declinación agregamos la más completa comercialización de los objetos artísticos que registra la historia, obra de la sociedad capitalista avanzada, bien se puede decir que la muerte del arte-preconizada por Hegel y sus seguidores-está ya en acto. Las ideas de Walter Benjamín acerca de la difusión-o disolución, de la sensibilidad estética en el ámbito social (arquitectura, design, moda, publicidad, etc.) que sería otra forma, más benigna de la “muerte del arte”, desgraciadamente se han revelado, si no erróneas, imprecisas. En efecto la crisis del design y de la arquitectura contemporánea—que son las columnas mayores de dicha postura— no han hecho sino acelerar un proceso que parece irreversible. En esta situación, defender el anonimato, aunque sea parcialmente, puede ser una modesta contribución a favor del arte, de la poesía, de la verdadera imagen del hombre, antes de su definitiva alienación. 


La imagen la tomé prestada del blog de Roberto Orihuela: aquí
poema otro objeto
otro objeto poema
objeto poema otro

Fragmentos de ¿Para qué la lírica hoy?

Hilde Domin (Alemania, 1909-2006)
En El poeta y su trabajo/16
Traductor Juan Fabers


El peligro se llama “cosificación”, metamorfosis en cosa, en algo manipulable: pérdida de nosotros mismos. 

*

El lírico ofrece algo a los hombres que no sirve a su vez sólo de preparación para otra cosa: lo “inútil” y al mismo tiempo “irrenunciable”, como lo hemos definido, lo que en verdad importa. 

*

El lírico mismo no es un ejemplo: él hace visible lo ejemplar en el caso singular: su “modelo”, su necesidad interna.

*

El poeta es una abreviatura de la humanidad, dicho con la última formulación la de Lukács.

*
De ahí que el autoencuentro del lírico es a la vez único y modelo del encuentro en general: con los otros, con la realidad. Momento de irrecuperable, tiempo fuera del tiempo.

*

La comunicación de lo no –o apenas—comunicable: ésta es, pues, la tarea del lírico. Pero cuando es utilizado, ya no es “su” poema. Ya no se trata de su autoencuentro, sino del autoencuentro con los otros, a quienes el poema ayuda para ello: se trata del encuentro de estos otros con sus propia experiencia. 

*

La experiencia nominada se enfrenta al hombre como algo objetivo y se realiza de modo nuevo: como lo más propio que sin embargo acontece a los otros, que lo une con la humanidad en vez de separarlo. 

*

Para el autor es natural, el poema sigue siendo una parte de su biografía, como el momento de la suprema identidad consigo mismo que es, al mismo tiempo, la suprema autodesposición; para cada uno sigue siendo una parte de la vida vivida (eso vale para el lector y para el autor, para todos, aunque también el autor podría leerlo alguna vez de manera nueva y sorprendente). 

*

El poema no es retrovertible a la circunstancia vital llena de casualidades de cuya separación precisamente surgió.

*

El poema es un artículo de uso de tipo particular. Se utiliza, pero no se consume como otros artículos de uso, en los que todo utilizar encierra en sí el consumo y el agotamiento. Al contrario es una de aquellas cosas que como el cuerpo de los amantes florecen y crecen propiamente en la no conservación. Experiencias configuradas nuevamente, asociaciones que devienen disponibles incremental al poema incesantemente y lo multiplican, lo profundizan y lo amplían. según las necesidades de sus usuarios. 

*

Así como no se puede designar el poema como un objeto de uso cotidiano, sino que es un objeto completamente especial, así tampoco se lo puede designar como máquina, tal como ocurre con frecuencia. En último caso se podría comparar con un Perpetuum Mobile. La máquina no tiene ningún movimiento en sí, está liberada a alguien que le da vida. Pero el poema, la “realidad más real” configurada, tiene un movimiento propio: éste se mantiene, en principio, ilimitadamente. No es previsible si o cuándo y por cuánto tiempo es activo: después de siglos puede volverse súbitamente virulento. (Nota al calce 9)

*

De ahí que el poema sea un “artículo mágico de uso”, algo así como un zapato que se acomoda a cada pie, sin el que no podría seguir el camino hacia lo intransitable, el camino hacia aquellos momentos en los que el hombre es realmente idéntico consigo mismo. 

*

Hay que decir hasta la saciedad que el arte vive del valor. Pero sobre todo la poesía que no puede disculparse, sino que tiene que inmiscuirse. 

*

El camino inverso no es camino. “Quería hablar por todos y no pude hablar por mí”, lamenta uno de nuestros líricos más jóvenes, y esta experiencia, a su vez, esta queja muy personal se convierte inmediatamente en algo paradigmático: apenas la ha expresado, apenas ha renunciado a hablar por los otros, y ya habla también por ellos. Esa es la dialéctica interior de la poesía en la que no hay nada sin su contraparte, y en la que no se puede “querer” nada y no se debe renunciar a todo, excepto al valor para la veracidad. 

*

Pues el lírico no puede permitirse timidez, no puede acomodarse a las expectaciones ni negar ni castrar su experiencia (sus “sueños” son parte de esta experiencia). Tiene que tener oídos sordos para la palabra dicha al oído “neutral”.

*

El hombre mismo no puede ni debe ser neutral, no es un objeto de objetos. No es ningún sillar que se puede utilizar a voluntad. Aquí tenemos, de modo plenamente concreto, la amenaza que “nadie refiere a sí mismo”, la cosificación. Es una de sus muchas formas. El hombre debe negarse a ser “conformista de antemano” por el camino de su transformación en aparato. La palabra “neutral” no tiene aplicación alguna en lo humano. Y mucho menos en el arte. Y absolutamente nada en la lírica. La lírica es lo antineutral por excelencia. 


sábado, junio 20, 2009

Meshes of the afternoon (1943)

En Maya Deren

baja el poema de la mano
de la nada y señala el camino.

tu sombra sigue primero
al rastro del vestido negro. encuentras el poema,
luego tu mano.

el poema es la navaja del camino
el camino de tu sombra
el camino de una mujer y su sombra
el camino de una mujer y tu sombra
es largo y te lleva a tocar
a la puerta
deshojando una llave

que cae escaleras abajo
para terminar entre tus dedos
abriendo la puerta.



una habitación con periódicos
en el piso
una mesa
el pan con su cuchillo que cae
el teléfono descolgado
la voz y los objetos se separan

subes las escaleras con los ojos

la cortina al ras del viento

el tocadiscos te pide que lo apagues

te sientas en el sofá verde

se sienta tu ojo que trata de mirar algo y no puede

todo como si tuviera las cuencas desalojadas

[salgamos a fuera.
devuélveme mi ojo].

miras el regreso de tu mirada
y a la mujer con rostro de espejo
que siempre seguimos:

¿se llevará el poema que abandonaste?
¿silenciará al objeto que se transforma?




corro tras ella y me dejo distraer
por otro camino en escalera
que me llevará de nuevo a los periódicos
al cuchillo -que estará- en los escalones.

sigo las pisadas escalinata arriba
y la huella es el plano horizontal de los peldaños.

comienzas a ser un torso una boca
unas manos pálidas que bailan con los barandales
entre las cortinas ahora transparentes

mareando el rostro antes de que caiga la noche.

mi espalda se destrenza
mi espalda es un caracol asustado que nunca está adentro.

yazgo en el sofá verde que apaga la música.

mi pelo está escindido y no nos parecemos.

miro por la ventana al rostro de espejo y me miro
persiguiéndolo.

abro la boca y escupo la llave.

mirar me desaparece.

la mujer continúa escapando de mí
ella no sabe por qué la persigo.
yo no sé si la persigo

por las escaleras que ahora se mecen
dentro de un barco que no existe.

soy la cercanía entre mi rostro y la pared

la luz de la ventana

y el poema que puso esa mujer huera
encima de la cama, ese agujero
que se transforma que es lo mismo
que decir espejo, cuchillo, hambre

desaparece

y yo cambio de posición muchas veces
hasta que regresa la amenaza filosa.

mi mirada en la ventana
las pisadas y la perseguidora
el camino desierto de enredaderas

mis labios besan la llave que se hace cuchillo
besan al objeto que transformamos

yo lo tomo y nos amenazo a todas
poniendo el cuchillo sobre la mesa
en donde las tres nos refugiamos

se hace llave en tu mano

cierro los ojos y me acaricio hasta

regresarla a la mesa con una mano negra como mi deseo
que vuelve a ser cuchillo al taparme la boca.

amenaza de mis pisadas con mirada
de huevo metálico al aire libre.

pisas pisas y pisas la tierra
la arena y tu cuchillo lascivo se te meten dentro
de la boca justo cuando abres los ojos y soy hombre.

él me toma las manos
me ayuda a levantarme del sofá
descubre el poema y lo deja en el suelo
[no le importa que se escriba 
con todas las fórmulas del abecedario]
yo me doy cuenta de que no le importan
el pan y los cuchillos ni la nada que perseguimos
creyendo que es mujer, camino, caricia que nos damos.

lo sigues
sin canesú hasta la almohada
en donde te tiendes
y el hombre que soy ahora te acaricia
los muslos sobre la noche
te mira sedicioso y el poema
se hace cuchillo.

mato a mi hombre
y sus pedazos se transforman en trozos
de espejo roto que llegan a la orilla
con la espuma del mar.

él sigue vivo. 

abre mi puerta con periódicos
ve a la mujer inanimada en el sofá
no cae la flor no cae el poema ni el cuchillo
cae un hilo de sangre por la comisura de su boca.


El fin.



Nota: Aquí pueden ver el film de Maya Deren "Meshes of the Afternoon" que inspiró el texto. En mi lectura del corto, la flor es el poema.  

jueves, junio 18, 2009

La pipa (1868)

Ayer encontré mi pipa al soñar con una larga velada de trabajo, de hermoso trabajo de invierno. Arrojados los cigarrillos con todas las alegrías infantiles del verano en el pasado que iluminan las azules hojas de sol, las muselinas, y vuelta a coger mi grave pipa por un hombre serio que quiere fumar largo rato sin molestarse, a fin de trabajar mejor; pero no esperaba la sorpresa que preparaba esta abandonada; apenas libros por hacer; maravillado, enternecido, respiré el último invierno que volvía. No había tocado a la fiel amiga desde mi regreso a Francia, y todo Londres, el Londres que había vivido completo para mí solo, hace un año, se me apareció; primero, las amadas nieblas que arroparon nuestros cerebros y tienen, allá lejos, un aroma propio cuando penetran por la ventana. Mi tabaco olía a una habitación oscura de muebles de cuero espolvoreados con carbón, en los cuales se desperezaba el flaco gato negro; ¡los grandes fuegos! y la criada con los brazos rojos echando carbones y el ruido de esos carbones cayendo del cubo de lata a la canastilla de hierro, por la mañana -¡mientras el cartero daba el doble aldabonazo solemne que me hacía vivir! He vuelto a ver por las ventanas esos árboles enfermos de la 'square' desierta -he visto la alta mar, tan a menudo atravesada este invierno, tiritando sobre la cubierta del 'steamer' mojada de bruma y negra de humo- con mi pobre bien amada errante, en traje de viajera, un largo vestido apagado color del polvo de los caminos, un manto que se adhería húmedo en sus hombros fríos, uno de aquellos sombreros de paja sin pluma y casi sin cintas que las damas ricas tiran al llegar, tan deteriorados quedan por el aire marino, y que las pobres bien amadas vuelven a adornar aún por muchas temporadas. En torno a su cuello lucía el terrible pañuelo que uno agita al decir adiós para siempre.

Stéphane Mallarmé
Traducción parecida a la de Gregorio Martínez Sierra (1907) aunque revisada. Traductor desconocido.
Los nombres de un gato

Darles nombre a los gatos es tarea difícil,
No es solamente un juego de día feriado;
Se te puede ocurrir que estoy más loco que un sombrerero
cuando te digo, un gato debe tener tres nombres diferentes.
Primero, está el nombre que la familia usa a diario,
tales como Pedro, Augusto, Alonso, Jaime,
así como Víctor o Jonathan, Jorge o Bill Bailey-
Todos ellos nombres sensibles a lo cotidiano.
También hay nombres prolijos si piensas que suenan más dulces,
algunos para los caballeros, otros para las damas:
Así como Plato, Admetus, Electra, Demetrio,
todos ellos nombres sensibles a lo cotidiano.
Pero esto sí te digo, un gato necesita un nombre particular,
un nombre que sea peculiar, y que dignifique,
de qué otro modo puede mantener su cola tan perpendicular,
o sacudir sus bigotes, o adular su altivez,
de nombres de este tipo, te puedo dar un quórum,
como Munkustrap, Quaxo, o Coricopat
como Bombalurina, o Jellylorum—
Nombres que nunca pertenecen a más de un gato.
Pero sobretodo aún queda un nombre
y éste es el nombre que nunca adivinarás;
El nombre que ningún investigador humano puede descubrir—
Pero el gato lo sabe, y no lo confesará.
Cuando notes a un gato en profunda meditación,
la razón, te la diré, es siempre la misma:
Su mente está absorta en la contemplación cautivante
del pensamiento, del pensamiento, del pensamiento de su nombre:
.............Su inefable efable
.............Efaninefable
Profundo e incrustable Nombre singular.


The naming of Cats. T.S. Elliot
Mi traducción


jueves, junio 11, 2009

Veinte acontecimientos 
para la canción fugada 
del círculo roto

Vi los aros de Saturno
cuando niña en un telescopio
casero junto a mis hermanos.

Aprendí que había
cirros, cúmulos y por tanto
que el tiempo no se leía
sólo en los relojes.

Le robé la cartuchera
a Jazmín en tercer grado
y repartí todos
sus lápices de Kitty
a los demás estudiantes,
(el orgullo recién nacido,
la culpa de las voces,
el metal de la justicia).

Besé a Armando
jugando botellita
detrás de los salones.
Lo besé de nuevo.

Emma Violeta me enseñó
el silencio del arte, esculpimos
otro nacimiento sin hemorragias.

Caminé el pueblo acompañada
de Emma Valdomera, como encima
de un sueño con cresta bermeja.

Aquella libreta en donde
anoté la gestación de las especies
y que hice cápsula del tiempo.

Olvidé dónde la enterré.

Cumplí diez años y Luis Ángel
murió al día siguiente.

Un año después, aquella carta
en que reclamé que se había
muerto el día antes
y me lo escondieron:
este camino que se detonó entonces.

El óxido. Sus desvaríos
en los márgenes. Los espirales
en la letra. La inversión de los rostros.

Aticé propósitos. Le hice a la noche
su historieta. La ofrendé sin altares.

Estuve en la cima de un volcán 
y terminé otra vuelta alrededor del Sol.

Supe de la luna
lo que de la lava.

Dejé a mi cuerpo
desnudo ser un ovillo,
ser devaneo, ser el verbo
ovillar, mezclar textiles,
le hicimos lanas a la carne.

En algún momento supe
que bailar salsa era
como meditar, y que el café
sin azúcar también es dulce.

Escuché a Iré decirme
“en el medio de la rosa
siempre hay una batalla”:
el viento se detuvo
en su nariz de niño.

Supe que en la Isla
hay pueblos con nombres
derivados de minerales
en donde el verde lleva aroma.

Llegó el vértigo
en los aviones, su consuelo.

Le dije a la mudez,
pocas veces, “la canción
se ha fugado” y entonces
ahora, ahora mismo,
despistará la ruta.

jueves, junio 04, 2009

* asteriscos cenicientos con música de fondo *










martes, junio 02, 2009

a lo sucusumucu!

lunes, junio 01, 2009

Alarmas en la boca


El encierro es un pedazo de mí
temeroso de que lo rechacé,
por eso busca disfraces
que se me parezcan
para que yo me mire
y piense que soy mi encierro.


Tengo un sabor químico en la boca:

no soy yo el animal de dos cabezas,
ni soy yo la fiera rencorosa que les huye,
no soy yo el boicot cotidiano en los intersticios,
el ardor en el rostro después de llorar toda la noche,
ni las suicidas que tanto desordenan tus lecturas.

Leerlas para encontrar todas las instancias
en que decidieron no aguantarse la vida.

(De otra manera, no diferenciarías
a la que pide en los aviones ser madre
de la que en tierra se muere en la desidia).


El otro día nos volvimos a ignorar
con indiferencia
como si nunca nos hubiéramos

hablado dragones torcidos al borde
de la cama y sus fogotas.

Desconfiar de mí me cansa más que salir
a la calle, que ir a la yoga, que hacer
el amor y llegar a morir en el intento.

Llevo tantos días encerrada
que el buzón abandonó a “Buenas noticias”
y mi bicicleta se ha olvidado de las flores
que prometí engancharle en el manubrio
todas las mañanas. La literatura

me ha podrido la vida que soñé de niña
y le ha hecho una casa sin ventanas,
la literatura me tiene de rehén mirando
hacia la casa, lamentándome.



Las poetas enfermas no quieren ganar premios

A las telarañas enfermas no se les quiere en los andamios
ni se les deja mensajes de “vuelva pronto”.

El dice que la raíz necesita descanso.
El dice que ella vomitó su esfuerzo.

La hace decir, “sonría, poeta, sonría”,
con el dedo amenazando la yugular.

Hay otros que hablan de la vida
con los ojos agrandados. Mis ojos,
casi los cierro. Me asusta ver.
Lo admito. Alejandra lo supo,

su canto triste de pequeña niña que murió

explicando su muerte. Lo supo Virginia,
que nos pidió soledades para sentirse acosada.

Hoy entiendo que he estado muy molesta
con la vida, porque no me dejó
pistas en la sopa, ni me regaló aquelarres
en los dedos, hoy entiendo que soy yo
la que debe tejerse su perdón hondísimo,

entrenar musarañas que roan con sus dientes
la muerte que me inyecté una tarde distraída
debajo de algún árbol que no hace leña.

Yo sé que me une a la tierra un regalo
al que nunca termino de quitarle la envoltura,
al que no sé atizar en contenidos. Hay

silencios que habitan cúpulas muy altas
a los que nunca llego, estridencias
con alas de murciélago sin el radar preciso,
y miedo a los aviones y a la búsqueda,
porque nada está afuera. El camino
es ombligarme, vivir la guerra
en medio de la flor, sin su intemperie.


Por fin le vi el semblante al erizo
Le tomé una foto con la apertura estrecha.
Salió oscura. Lo acecharé de frente.

Quiero verle la cara, los labios que me susurran
huevos hueros en la noche y que amanecen
germinados debajo de la almohada.

Quiero hacerle un vestido encima
de los nombres que lleva gravados con mi letra.

Quiero besar mi angustia para que me abandone
detrás de los altares, antes de su boda
con los calendarios, la angustia y su corona,
besarnos todas y olvidar al otro día lo que fuimos.


José, tu nombre en otro idioma no cabe en mis poemas

Anoche te hablé tantas verdades que mientras
las decía pensaba en un conjuro apunto de fugarse
de mi boca, te hablé de los augurios enterrados,
y de las sentencias en los márgenes de libros.

José, no te quedes esta noche 
que quiero abrazarte a solas, sin tu nombre.


Hola, agujero arrebatado,
Nace el diente que cae de mi boca.
Lo descubrí hace poco.


*
Nota: Me arrancaron una muela y sé complicó la cosa con un agujero seco y el hueso a la intemperie. Nada grave pero muy doloroso, y la recuperación, jodida. La enfermedad tiene, como el hielo, propiedades muy nobles, me dijo un diente. La enfermedad, pues, es meterse en túneles sin saber a dónde va uno, quién lo lleva. Lima lo supo: "Seco el túnel/ ¿quién dijo nave?// El diente por el suelo..." (Poemas escritos entre el 20 de mayo y el 1 de junio, 2009)

lunes, mayo 25, 2009

El Gran Cocoroco dice: "mierda, mierda, mierda"

Francisco Ayala, intelectual español que llegó a Puerto Rico después de haber estado en Buenos Aires, donde compartió con la generación de Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo, entre otros, fue quien en los 50’ fundó junto con Jaime Benítez la revista La Torre, de la Universidad de Puerto Rico. Poco sabía de él hasta este momento en que leo la edición homenaje que le dedicó La Torre en el 2008, al cuidado de Iris M. Zavala y Jan Martínez. Han sido muchos los datos que me han sorprendido sobre este profesor que se menciona tan escasamente en los círculos contemporáneos. Uno de los que más me llamó la atención es que fue Ayala quien llevó los primeros textos de Cortázar a la revista Realidad, fue también quien le encargó la traducción de los cuentos de Edgar Allan Poe que publicó la Editorial de la Universidad de Puerto Rico en el 1956. Aquí, un fragmento de la entrevista con Armando Núñez Miranda que aparece al principio de la edición y que ofrece valiosa información sobre los recitales del autor del Tuntún:

 Evidentemente usted conoció a Luis Palés Matos.

 -Sí. ¡Qué personalidad! Interesantísimo. Cuando empezaba a recitar uno de sus poemas, rellenaba las partes que no recordaba con las palabras “mierda, mierda, mierda”. 

martes, mayo 19, 2009





Películas al aire libre en el patio de mi casa que no es particular, cuando llueve se moja, como los demás*. La última fue Knife in the Water, de Polanski (1962, 16mm). La próxima será de Maya Deren (Meshes of the afternoon, 1943, y Ritual in transfigured time, 1946). Me gusta tirarme en el césped a ver películas que llegan a mi casa con el aura de los rieles. La noche estuvo fría pero nos cobijamos e hicimos un nido de calor humano y altos niveles de alcohol. Nunca fui girl scout**, aunque conozco ese sabor a marshmallow en las ganas, sabor a sínger que cose imágenes*** en vez de vestidos. 

*Make Cats Not War
** Ver el poemario Girl Scout Nation, de Yedda Morrison. Edición del "Donezo" Whitener, alías el roomie. 

***Imágenes de Joshua Yumibe